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Escribir y hablar, esa es la cuestión

Haciendo introspección sobre cómo he escrito toda mi vida llegué a una conclusión clara: escribo de forma distinta a cómo hablo.

Yo tenía ya una idea de que esto me pasaba cuando una lectora de mi blog me dijo que le parecía una chica súper positiva y buen rollera.

Soy buen rollera. Pero porque me río hasta de la muerte, no porque sea positiva.

Soy de esas personas que cuando les pasa algo y te lo cuentan no quiere una solución. Quiero decir palabrotas hasta quedarme afónica.

Por lo demás soy una chavalita resolutiva. Pero resuelvo sin ser positiva. ¿Me sigues?

Si yo trato de ser transparente pero las personas que me leen creen que soy positiva y las personas que me conocen creen que soy igual de positiva que una nevera por detrás, ¿quién tiene razón?

Pues supongo que los dos, porque muestro facetas distintas. Y creo que no soy la única. Creo que a ti también te pasa.

¿Solo me pasa a mí? No lo creo

Antes de que me muerdas la cara. ¿Tienes un blog o una web? Si es así, si voy al apartado sobre mí supongo que no empezará: si quieres saber algo más de la persona que está detrás de este rinconcito que sepas que me llamo María Magdalena…

No tengo NADA en contra de los inicios clásicos. Yo he escrito así mucho tiempo en este blog. Ahora es difícil que lo sepas porque como ya he mencionado borré 45 entradas.

Pero es que no hablo así para nada. Y creo que nadie lo hace. Es como si cuando estuviéramos escribiendo, por esos segundos extras que tenemos para reflexionar, nos pusiéramos a hablar como cursis, con acento inglés.

Nos da un miedo terrible que alguien nos lea y piense que no somos agradables. O que somos gilipollas, directamente.

¿A ti no te da? A mí me lo da.

Cada vez menos, porque cada día estoy más cerca de los 30, la edad mágica de la irreverencia y la barbarie. Pero me lo da.

De hecho, te cuento un secreto: la primera vez que escribí en un blog hablé de geishas. ¿Y la segunda? de la mariposa rosada del arce.

Ahora, eso sí, en mi día a día full política, full pensamiento crítico, full bullshit.

La teoría me la sabía yo y te la sabes tú: es mejor gustarle a la gente que te acepta y los que no que se vayan a la mierda mimimimi. (He hecho un pareado).

Pero es que escribir es un acto semi-inconsciente.

Y digo ”semi” porque más o menos pensamos lo que escribimos. Pero nuestro cerebro al pasarlo por el filtro de caer bien es increíble cómo tergiversa.

Te pongo un ejemplo sobre cómo yo diría algo en persona vs cómo lo podría escribir en el blog en 2016.

Versión blog 2016: Paso la aspiradora 3 veces por semana porque con 3 michis está todo lleno de pelo 🙂

Versión en persona en cualquier momento de mi vida: Vivo con Iván, que es como el mapache de Pocahontas y va dejando migas por donde pasa, y dos gatos que en cuanto aspiro la alfombra se revuelcan sobre sí mismos dejándolo todo echo una mierda.

Un poco distinto.

Cómo me di cuenta de que escribía como una princesita pero hablaba como un pirata

Podría decir que la introspección y blabla.

Pero no. La verdad es que pasando bastante. Escribir siempre me resultó fácil. Tan fácil que me ponía los filtros sin pensarlo mucho y pa’ alante.

Además Carmen Machi y yo tenemos algo en común: ella no vuelve a ver las escenas que ha grabado y yo no releo lo que he escrito.

Esta introspección viene un poco a raíz de tener que hacer acto de presencia en Youtube, con Agarimo Estudio, el estudio de diseño en el que emprendo, y por formaciones que copywriting que he estado haciendo.

Me ha influenciado bastante el libro de Isra Bravo, Escribo porque me gusta ganar dinero.

Me hizo reflexionar bastante sobre cómo me expreso, cómo se expresan otros blogs, otras webs, y cómo hablo.

Por primera vez me he puesto a releer mis entradas. Y reconozco que no me reconozco.

Las he borrado por temas de diseño técnicos. Ya haré otro post sobre qué no hacer cuando escribes una entrada si no quieres morirte cuando cambies de plantilla.

Pero si no fuera porque pasaba de calle de ponerme a mirar todas las entradas para ver cuáles tienen enlaces rotos y demás, igual las borraba porque no me he sentido nada representada por mi forma de hablar.

Ni a mi yo de ahora ni a mi yo de entonces.

Así que me he propuesto quitarme la mordaza, conservando mis pocos límites, e intentar de dejar de escribir como un bot y con el filtro siempre puesto. JODER.

Qué bien sienta decirlo, eh?

No sé andar en bici, y cuando era pequeña me gustaba lamer limones, aunque ya lo he dejado. Soy oficialmente adicta a las pipas con sal, y al chocolate negro y con leche. (Pero detesto el chocolate blanco. Me da arcadas).

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